La pequeña abrió el cuaderno por la mitad y, con detalle, empezó a ver las líneas impresas por defecto en las hojas. Siguió con los ojos y con el dedo índice arrastrado, de extremo a extremo, por encima de aquel trazo horizontal y, cuando culminó, golpeó suavemente la superficie de la misma mientras expresaba una risita por su logro delante de Tarek. El muchacho cayó en cuenta lentamente y se contagió de la alegría de aquel "descubrimiento" de la pequeña, sintiendo también el avance y notando,