Debajo de un pedazo de ladrillo, lograron desenterrar una cajita de metal envuelta en muchísimas capas de plástico.
Diego fue quitando cada envoltorio con cuidado hasta que pudo abrirla. Adentro, protegido también por plástico, apareció un celular.
Raina lo reconoció al instante: era el celular de Celia.
—Después de tanto tiempo, dudo mucho que prenda —soltó Diego, diciendo la pura verdad.
—Vámonos de aquí primero —contestó Raina, echando un vistazo a su alrededor con cautela. No bajaba la gua