—No te angusties, te juro que vamos a encontrar ese anillo. A lo mejor hasta lo tiene Iván y por eso no aparece —le dijo Raina, tratando de calmarla.
Pero sus palabras tuvieron el efecto contrario: Celia se puso aún más ansiosa. Su carita, de por sí pálida, se puso lívida y sus ojos se llenaron de un pánico absoluto.
Raina presintió que algo andaba muy mal.
—Celia, ¿ese anillo tiene algo de especial?
Celia no parpadeó. Se quedó de piedra. A Raina se le detuvo el corazón por un segundo.
—Celia,