El reloj marcaba las 3:57 de la mañana cuando Alessandro y su pequeño equipo llegaron a las afueras de la mansión en las montañas. La niebla cubría todo el terreno, haciendo que la enorme casa de piedra pareciera un castillo salido de una pesadilla.
Alessandro iba vestido completamente de negro, chaleco antibalas ajustado y dos pistolas en la cintura. Marco y los otros dos hombres lo seguían en silencio, cada uno con su posición asignada.
Desde su escondite entre los árboles, Alessandro observó