CAPÍTULO OCHO

SERA

La puerta del coche se cerró con un sonido pesado y definitivo que resonó directamente en mi pecho.

No me moví. Estaba completamente sorprendida.

Solo me quedé allí sentada, con las manos apretadas en mi regazo, mirando a la nada mientras el mundo afuera parecía tan vacío. Mi corazón aún latía con fuerza por Rodríguez, por la foto, por la forma en que toda mi realidad acababa de… inclinarse.

Y entonces—

La puerta del conductor se abrió.

No tuve que mirar.

Lo sentí. Llevaba una pres
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