Verónica sintió un dolor desgarrador que pude sentir gracias a nuestra conexión, sin embargo, segundos después lamí su cuello y de una extraña manera para ella el dolor desapareció lo que hizo que ella se aferrara a mis hombros como si se trataran de un salvavidas.
—Sí, Acheron...
Gruñí embelesado por toda ella, estaba jodidamente conteniéndome para calmar el impulso salvaje que me decía que la follara hasta el cansancio
Ella es delicada, es humana.
Gruñí para mi mismo.
Su coño estaba matándome