Por información de Carlos en la mañana fueron congeladas las cuentas de Rocío, no sabemos dónde se escondió y eso me preocupaba un poco. Tocaron la puerta del despacho.
—¡Adelante! —Alejandro ingresó con su cara sonriente.
—Buenos días.
—¿Qué te trae tan temprano?
—El café de Teresa. —Me senté detrás del escritorio—. Toma, este es el primer bosquejo de los condominios. —alcé la ceja. Me entregó una memoria.
—Alejandro, ¿tú te encuentras bien?
—Claro amigo, solo me siento emocionado por ese mega