Preguntó uno de los oficiales, el más bajito. Negué.
—Aún no he recibido llamada. Pero les daré lo que me pidan.
—No demora en llegar el personal de antisecuestro, por ningún motivo les dé dinero antes de estar en contacto con nosotros.
—¡Mi mujer se encuentra embarazada! Les daré el puto dinero que pidan, no me importa con tal que la devuelva sana y salva.
Hasta ahí llegó mi serenidad, todo el cuerpo comenzó a temblarme. María Joaquina debe estar muerta del miedo.
—Señor, eso no es todo, esta