Teresa se dirigió a la puerta.
—Entonces lo dejo trabajar, señor. Lo felicito por la boda y bienaventurado el nuevo bebé. Me llena de satisfacción haber aportado en su reconciliación, sabe que lo aprecio como a un hijo más. Me puedo ir feliz a mi jubilación.
—No te voy a dejar ir. —negó sonriendo—. Lo sabes.
—En las sesiones con el terapeuta le pediré una para que no sea tan posesivo. He de confesar que ya estoy muy vieja. Deseo descansar.
—No te vas a ir. Y gracias por todo Teresita.
Me qued