—¡Yo no sé cocinar! —gritó Fernanda.
—Yo solo sé hacer desayunos, no sancocho. —comentó Carlos.
—¿Cómo carajo se hace una lasaña? —preguntó Alejandro que se veía relajado—. ¿Tú sabes? —Le preguntó a la chica y ella sonriendo respondió que no.
—¿Por qué no nos pusieron a hacer algo como eso? ¿Por qué una torta? —preguntaba María Joaquina.
—Está comprobado que hacer una actividad diferente a su rutina en pareja afianza la confianza. —comentó Deacon.
—Bueno, tienen tres horas. —dio la orden Bl