Abrí los ojos, tuve que enfocar mejor, cuando intenté levantarme mi espalda se resintió y el cuello emitió un crujido, ¡Mierda! Se resintió un tendón. En ese momento ingresó Carmen al despacho.
—¿Ya se le pasó don César?
Al mirarla sonreímos. A las tres de la mañana por mis ruidos la desperté cuando salí en busca de hielo en la nevera, ya que en la reserva que se mantiene en la neverita del despacho me lo había acabado, después de haber ingerido varios vasos de whisky. Vas a terminar matándome,