—Presumía mi matrimonio como el perfecto y aunque teníamos nuestras diferencias y a pesar de mis caprichos nos entendíamos muy bien. Él me consentía tanto. —Se le quebró la voz, respiró y continuó.
» El orgullo no me dejó asumir mi derrota, Maju en esos últimos minutos con Vladímir, me lavó, exprimió, planchó, barrió, pisoteó y botó a la caneca de basura. —Había una gran tristeza resignada en esa mirada—. ¡Imagínate!
» A mí, a Socorro Benedetti Novoa, quien tenía a sus pies a infinitos hombres