Miré al altar, donde se veía la cruz, y sonreí. «Gracias». Salí corriendo a buscar a mi familia, cuando llegué, ellos se veían desesperados buscándome.
—¡Julián!
El grito de Samuel me llamó la atención, salió corriendo hasta llegar a mi lado, mi hermanito había llorado.
» Tú no me dejes solo, mami y papi no están, tú no me dejes. —Lo abracé, me arrodillé.
—Siempre voy a quedarme contigo. —sonrió y salió corriendo.
—Elnesto, ya me encuentro bien, vamos a coler.
Esas clases a donde va no era que