Ángela se secó las lágrimas con el dorso de la mano, abrazando fuertemente el brazo de Isabella mientras miraba muy insistente la última imagen de su madre en la pantalla de televisión. Decidió en silencio que tenía que vivir bien y no hacer que su madre se preocupara.
El programa de búsqueda de familiares aún no había terminado.
—Por último, quiero decirles a los hijos e hijas como yo, que fueron secuestrados como yo—dijo Isabella con los ojos enrojecidos, pero con una voz muy firme, —si sus ma