—¡Álvaro Ramírez! ¡Lo siento! ¡Prometo que en el futuro disciplinaré adecuadamente a mis subordinados! ¡Por favor, perdóname!
Álvaro, que había golpeado a alguien con un palo de golf, estaba jadeando exhausto.
Dejó caer el palo de golf ensangrentado que sostenía y pateó al hombre que ya estaba tirado en un charco de sangre a su lado con el pie. Hizo un gesto con la mano indicando a sus subordinados que sacaran al hombre y luego dejó caer las mangas de su camisa recogida y se acercó a Herman, not