Madisson
Cortona. Italia
4: 32 de la madrugada.
La ciudad, las luces, las casas, todo está muy desierto, callado e iluminado. Supongo que las personas duermen. Los recuerdos se acumulan dolorosos y se me humedecen los ojos cuando pasamos por la esquina en donde comenzó todo. Estoy temblando, y todo el cuerpo me late como lo hace mi corazón.
José se detiene justo frente a la casa de mi madre como le he pedido.
—¿Es aquí? —pregunta José notando que parece no haber nadie viviendo ahí.
—Sí —sus