Unos golpecitos en la puerta la volvieron a la realidad y como seguramente era alguno de sus hermanos, lo mandó a pasar.
Estaba en lo cierto, pero eran todos sus hermanos, juntos, quienes la miraban desde la puerta, sin saber qué hacer.
— ¿Y a ustedes qué les pasa, duendes? ¿Desde cuándo tan tímidos?— les preguntó extrañada.
Fue Agustín quien se adelantó a hablarle.
— Queremos saber si estás bien.
— ¿Por qué no habría de estarlo?
— Porque te escuchamos llorando anoche. — dijo la pequeña Dani, s