La noche siguiente llegó y Bárbara se vistió con un lindo vestido de pequeñas flores, sin mangas, sobre las rodillas, con un delicado chal sobre sus hombros, zapatillas beige de tacón medio y una pequeña cartera haciendo juego. Llevaba su cabello recogido en un moño ligero, que le daba un aire fresco y juvenil. Un maquillaje discreto complementaba su atuendo. Apenas estuvo lista, escuchó sonar el timbre. Agustín y Abraham se encargarían de las pequeñas, pero aún no salían de su asombro al ver a