Luciana parpadeó, inhaló aquel aroma tan varonil, y seductor que desprendía el pecho de Miguel, sintió el calor de sus brazos dándole seguridad y suspiró profundo, tenía la garganta seca, así que con suavidad se removió para no despertarlo.
Se sentía algo aturdida, mareada, entonces un escalofrío le recorrió el cuerpo, recordó lo que le había llevado a sentirse tan mal, enseguida salió de la alcoba, y algo confundida, logró dar con la habitación de sus hijos.
—Mis bebés —murmuró sintiendo que