Amarte es mi condena. Cap. 4: ¿Aceptas el trato?
Un fuerte golpe hizo que aquel hombre cayera al piso con la nariz ensangrentada.
—Te advertí que no le hicieran ni un rasguño —vociferó Salvador, sus ojos irradiaban ira, respiraba agitado.
—Ella no quiso colaborar —susurró el hombre.
—Eso no te da derecho a tocarla, menos golpearla —gritó apretando sus puños—. Lárgate antes de que pierda la paciencia contigo —ordenó, dio vuelta y subió las escaleras de la mansión.
Majo aún seguía inconsciente, su pómulo se veía inflamado, Salvador apretó sus p