Amarte es mi condena. Cap. 3: ¡Obscuridad!
María Joaquina lo tuvo en persona, ahí frente a ella, y el condenado abogado le pareció más atractivo que en la foto de la página web, tenía unos ojos azules brillantes, unos labios seductores, un tono bronceado en la piel, se veía impecable, y desprendía un aroma seductor.
«Bien dicen que el diablo es seductor y este hombre lo es» pensó y luego se reprochó en la mente.
¿Desde cuándo se fijaba en otros caballeros si solo tenía ojos para Sebastián?
—Buenos días —saludaron los abogados.
Los cab