—Así no se hace, Damián,— volví a decir por tercera vez— lo estas haciendo mal de nuevo.— soltó un gruñido e hizo una mueca notoriamente enojado por no poder poner el pañal correctamente a pesar de que llevaba muchos intentos.—Déjame intentarlo, sí no, no saldremos nunca de casa.
—No.—respondió tajante como el caprichoso que es— Yo puedo hacerlo.
—Te tomarás toda la tarde y después ya no podremos salir...
—Mejor, tampoco me hace mucha gracia ir a ver a ese idiota.— interrumpió con frustración.