Su cuerpo se tenso por completo, ya no estaba relajado como dos minutos atrás. No quería hablar, no quería decirme nada, debía presionarlo para que lo hiciese.
—Te lo pondré así, Damián;— continúe con mucha seguridad en la voz— ya no somos sólo tú y yo, ahora también está Mía, y sí no la protegemos nosotros nadie más lo hará...
—Yo la estoy protegiendo,— interrumpió— las estoy protegiendo a ambas.
Me moví hasta que él dejó mi cuerpo libre y me senté en la cama, él también hizo lo mismo.
—Necesi