Fiona, en su desesperación por llamar la atención de Carlos, se arrojó por un acantilado. Pero Carlos nunca apareció. Así fue como terminó su vida.
Quince días después, cuando supe la noticia, estaba observando el crecimiento de una nueva planta medicinal.
Fue el profesor Rodrigo quien me lo dijo.
Comentaba lo voluble que es la vida, lo cambiante del corazón humano.
Yo también asentí con algunas palabras.
Fiona, Carlos... esos nombres ya me parecían cosas de una vida pasada.
—Margarita.
Escuché