Carlos sentía el pecho oprimido, como si una piedra enorme le aplastara el corazón.
Nunca se había detenido a pensar en los sentimientos de Margarita.
Solo ahora, cuando la había perdido del todo, entendía lo que había hecho.
Poco a poco, su mente lo llevaba al primer encuentro con Margarita.
Ella abrazaba un ramo de flores y le contaba, con una sonrisa tranquila, que soñaba con una vida sencilla: comidas deliciosas, días en paz, gatos que ronronean en casa, un hogar frente al mar desde donde ve