Pasaron dos semanas, mis papeles ya estaban en trámite y el abogado me estaba ayudando para estar legalmente con la visa de trabajo.
Conseguí hacer aseo en más casas particulares, lo que me proporcionaba una buena estabilidad económica.
Era un trabajo que me agradaba mucho, había aprendido algo más de inglés y mantenía mi cabeza ocupada. Creía que a mis veinticuatro años aún estaba a tiempo de rehacer mi vida y, pese a todo, seguía creyendo en el amor.
Decidí activar el Wifi de mi celular de