Llevaba dos días acostada. No tenía ganas de nada. Solo quería dormir y los momentos en los que estaba despierta trataba de procesar todo. No sabía si agradecer al fantasma de los mensajes por presionar a Nicholas a contarme todo o si odiarlo aún más. De cualquier forma, me estaba jodiendo la vida.
Renato fue a visitarme y ni él pudo sacarme una sonrisa por lo vivido. Nicholas hacía de todo para levantarme el ánimo, pero tampoco resultaba. Mi cuerpo me exigía quedarse tumbado y descansar.
El