El rugido de ochenta mil almas en el Estadio Monumental de Buenos Aires reverberó en las paredes de concreto de los camerinos como un trueno interminable. La fase sudamericana del tour mundial de K-Entertainment continuó con una fuerza devastadora, pero en el centro de ese torbellino de luces estroboscópicas y ovaciones masivas, Ji-hoon experimentaba una desconexión total. Sentado frente al espejo del tocador, con el torso desnudo y perlado de sudor tras una extenuante sesión de coreografías, e