Al abrir los ojos a la mañana siguiente, Ji-hoon se encontró de golpe con la realidad. Valeria permanecía sentada en el borde de la cama, con la espalda recta y sus ojos verdes fijos en las facciones inflamadas del artista coreano. Su mirada analítica no dejaba espacio a evasivas: la CEO de la Corporación Vega exigía una explicación racional sobre la contienda de La Ronda.
Ji-hoon exhaló un suspiro trémulo y estiró sus brazos, rodeándo su cintura para atraerla firmemente hacia su calor corporal