Ver los mensajes de Ji-hoon en la pantalla del teléfono móvil se había convertido, de manera indiscutible, en el mejor momento de las largas y agotadoras jornadas de Valeria. Al otro lado del mundo, en Seúl, el reloj marcaba las tres de la tarde. Ji-hoon acababa de salir de una extenuante sesión de grabación vocal que lo había dejado físicamente exhausto. Sentado en el cómodo sofá del camerino de la agencia, con los auriculares profesionales aún descansando sobre su cuello, el cantante no podía