El silencio que inundó la habitación se volvió espeso, casi asfixiante, a medida que las palabras de Valeria iban cayendo como rocas sobre Ji-hoon. Él le sostuvo las manos con firmeza, percibiendo cómo temblaban levemente mientras ella desenterraba el horror más grande de su existencia. En la mente del artista, cada detalle se reprodujo con una crudeza que le revolvió el estómago: el golpe seco, el colchón maltrecho, el sufrimiento de las otras jóvenes, el acero del cuchillo rasgando los botone