Valeria salió despacio de su escondite entre los abrigos de diseñador, exhalando el aire que había estado reteniendo en los pulmones. Se sacudió la chaqueta con elegancia, acomodando su ropa con la parsimonia de quien acaba de dictar una conferencia y no de ocultarse de un mánager histérico. El camerino había quedado sumido en un silencio sepulcral, rompiendo la agobiante atmósfera de hacía unos minutos. Con paso firme y pulso de cirujano, se acercó al tocador rebosante de maquillajes. Sus ojos