El silencio de la suite residencial recibió a Valeria y a Gloria como un manto protector tras la abrumadora opulencia del domo olímpico.
El tic-tac del reloj de pared y el suave zumbido del sistema de climatización eran los únicos sonidos que quebraban la quietud del apartamento.
Valeria se despojó de los tacones con un suspiro de alivio, sintiendo la textura fría del suelo bajo sus pies descalzos.
Aunque el vestido verde esmeralda seguía envolviendo su cuerpo, su mente ya había regresado po