La pareja se despidió en el umbral del pasillo con un beso contenido, una sutil estrategia para mantener ante las familias la apariencia de que la castidad aún gobernaba sus interacciones. Ji-hoon se retiró a sus dependencias privadas, mientras Valeria ingresó a su habitación. Disfrutó de una ducha templada, secó su cabello castaño y se entregó a un sueño reparador.
A la mañana siguiente, Georgina ya se había levantado temprano, dispuesta a transformar la cocina coreana en un pedazo de Ecuador.