**Philip**
Me aparté de la barandilla. Tenía la mandíbula apretada, la respiración lenta y controlada. No podía quedarme allí ni un segundo más, no con la escena resonando en mi cabeza, no con la certeza clavándose en mi pecho con garras afiladas.
Entré en mi habitación. El aire era sofocante, como si cada rincón de la casa me recordara lo que acababa de ver. Lo que había hecho.
Cuando la puerta se cerró tras mí, me dejé caer en el sofá y me llevé las manos a la cara.
Louise apareció de nuevo a