—¿Te acuerdas de mí? Nos conocimos en la oficina.
Sentí que se me cortaba la respiración. Claro que lo recordaba. Demasiado bien: ese encuentro, esa mirada, la extraña sensación de que sabía más de lo que debía.
—Sí… —respondí en voz baja, intentando controlar la voz—. Lo recuerdo.
Yuvan dio unos pasos hacia adelante, ya no tan despreocupado como cuando entró. Su mirada recorrió la mesa, el espacio vacío en la frente, los rostros tensos.
—¿Entré a deshora?
Nadie respondió de inmediato.
Ana se l