Luisa
La luz del sol me daba en la cara.
Abrí lentamente los ojos y me quedé paralizada. La almohada de Philip estaba arrugada, pero él ya no estaba. Suspiré. La conversación de ayer aún resonaba en mis oídos. Por un momento, me pareció que habíamos llegado a un acuerdo. Que Philip y yo teníamos la oportunidad de convertirnos en una familia normal. Y si no había amor entre nosotros, al menos no habría enemistad. Pero esta mañana demostró que nada había cambiado. Philip huyó de mí, no queriendo