La oscuridad en la habitación parecía espesa, casi tangible. Philippe podía oír su propia respiración, demasiado rápida para alguien que intentaba dormir. Cada crujido en las ramas fuera de la ventana parecía pasos, cada sombra en la pared una silueta que intentaba desesperadamente apartar de su mente.
Se incorporó en la cama, con los pies en el frío suelo. El frío le ayudaba a pensar con claridad, pero no ahora.
«Es solo de noche», susurró para sí mismo, frotándose la cara con las manos. «Solo