Luisa
Filipe entró en la sala con paso firme y seguro.
El aire pareció cambiar con su llegada.
Su mirada recorrió la sala: del rostro enfadado de Pablo al rostro pálido, casi exangüe, de Luisa, y se detuvo en Maricarmen, que se apretaba la cintura con gesto teatral, como si la hubieran insultado.
"¡Filipe!", dijo Maricarmen corriendo hacia mí con lágrimas en los ojos. "¡Mira lo que ha hecho esta chica! ¡Le ha pegado a tu tío! ¡Qué descarada... no tiene ningún respeto!".
Las palabras fluían rápi