—¿Y crees que yo no lo sé? ¿Qué quieres que haga? Esa mujer tiene a Rivera cubriéndole las espaldas.
El director estaba fastidiado.
Quien denunció ni siquiera se tomó la molestia de conseguir pruebas sólidas.
Y ahora, con esos indicios ambiguos, el escándalo crecía como pólvora.
Si la protegía, lo acusaban de encubridor.
Si no lo hacía, tampoco había evidencias firmes. De cualquier modo, quedaba mal parado.
—Haz una cosa —ordenó—: publica un comunicado aclarando que, según nuestra investigación