Varias semanas de licencia y una joven heredera obsesionada con casarse en un gran apellido. Era imposible que Sofía pasara los exámenes de la universidad con facilidad.
—Señor Rivera, ¿de verdad no vamos a hacer nada por la señorita Valdés? —preguntó Javier.
—La escuela es un lugar para estudiar, no para hacer trampa —respondió Alejandro con frialdad—. Si ella no tiene las habilidades necesarias y aun así insiste en presentarse, eso es problema suyo.
—Sí, señor Rivera.
—Y asegúrate de avisarle