—¿Señor Casanova?
—La chica tiene su encanto, no lo niego... pero no deja de ser solo eso: entretenida —dijo Elías con una media sonrisa difícil de descifrar.
Al principio, su intención había sido observar en persona a la célebre Mariana García, la joya de Puerto Claro.
Pero no contaba con la aparición inesperada de Sofía Valdés.
Comparada con ella, Mariana no tenía chispa alguna.
Sus jueguitos de niña mimada resultaban, a los ojos de Elías, pura fantasía de secundaria.
De no ser por la devoción