Capítulo 27. Redención de Sangre
—No me debes nada, Avery.
La voz de Dominic sonó ronca, casi como vidrio resquebrajándose. En aquella cama de hospital, con el brazo envuelto en gruesas vendas y yeso, parecía pequeño, extraño. Dominic Moretti nunca había parecido pequeño antes.
Avery permanecía inmóvil en una esquina de la habitación, mirando sus propios dedos. Aún había restos de sangre seca bajo sus uñas. La sangre del hombre al que había maldecido cada noche durante seis años… él había recibido ese ataque para proteger a su