Capítulo 121. Posparto
Dominic volvió a golpear aquella puerta de madera de teca. Sus dedos fríos marcaban un ritmo constante, pero su pecho sentía que estaba a punto de estallar. Su voz, grave, vibró en el silencioso pasillo del penthouse.
El reloj marcaba las dos de la madrugada; el aire era frío y todo estaba en calma, salvo por el sonido del agua corriendo sin cesar desde el baño.
—Avery… por favor, ¡no hagas esto! —suplicó Dominic, intentando persuadir a su esposa. Pero, aunque la llamó una y otra vez, no obtuvo