Capítulo 115. El mejor consejo médico
—Dominic, no te detengas ahora o de verdad perderé la cordura.
Avery susurró aquella frase con una voz ronca y cargada de deseo en medio del silencio de su habitación en penumbra; su respiración, irregular y acelerada, rompía la quietud del aire fresco de la noche.
El sudor humedecía sus sienes y su cuello, haciendo que su cabello castaño, ligeramente desordenado, se pegara a su piel enrojecida. Se aferró con más fuerza a la almohada bajo su cabeza, mientras sus dedos se hundían en las sábanas