Capítulo 116. El llamado de cuñado
—Deja de mirar la luna con esa cara melancólica, Dominic. Será mejor que empieces a practicar cómo llamarme cuñado para que no se te trabe la lengua la próxima semana.
Dominic casi deja caer la taza de porcelana que tenía en la mano.
Estaba de pie en el borde del balcón del penthouse, inhalando el aroma intenso del café negro.
La brisa nocturna de Singapur soplaba con calma, trayendo un leve olor a mar desde la distancia. Dominic acababa de conseguir diez minutos de tranquilidad después de que