Christopher.
Me quedo de pie junto a la ventana, observando a Alana. Está sentada al borde de mi cama, con la mirada fija en la alfombra y sosteniendo entre sus manos una taza de té que Marie le ha preparado apenas cruzamos la casa. Durante todo el trayecto en el auto se ha mantenido rígida, con la respiración entrecortada, como si esperara que un monstruo saltara del asiento trasero en cualquier momento.
En mi mesa de noche, el teléfono vibra por quinta vez consecutiva. El nombre de Derek par