Lo que vino después fue un poco de "vete al carajo" combinado con un poco de "me he ido al carajo". Técnicamente, las cosas estaban colgando precariamente de la orilla. Y en el vacío, esperó la catástrofe.
Leonardo ya se imaginó que llegaría, tarde o temprano, la perorata. Especialmente dspués de que la corriente le trajera el chismecito directo a su oficina. Sophia golpeó a Alessa. Tan simple y alucinante como sonó. Por supuesto, el chisme se regó como la pólvora entre los empleados. Así como