La luna de miel había terminado dos semanas después del pequeño incidente. Alessa ya estaba en paz con sus constantes pensamientos acerca de Le Roux y el poder que le había otorgado desde el primer instante.
Se retiraron de Tenerife temprano en la mañana y regresaron en jet privado a la mansión en New York. La pelirroja durmió todo el viaje y Leonardo la cuidó a cada segundo, asegurándose de que nada estropeara su descanso. Ella se lo merecía. Ya le había jurado que nunca más tomaría pastillas p