—Yo escribo de Sugar Daddies ultra calientes y mi amiga es la que se consigue uno y de los mejores. Qué ironía. —Carla chasqueó la lengua en cuanto subió al asiento del copiloto del Mercedes.
Alessa tenía el motor del coche en ralentí, mientras acarició el manubrio sedoso y costoso. Después de que el jefe Reynolds le entregó las llaves no pudo evitar correr hasta el auto, rodearlo impresionada y subir al asiento del piloto con la emoción por las nubes. Probablemente daría una vuelta por allí pa